Aprender, saber y ser

En el artículo anterior hemos visto qué es aprender. Aprender es algo natural, es una necesidad vital que nos da energía, nos mueve[1]. Aprender significa absorber experiencias del mundo que nos rodea. Lo aprendido crea o modifica nuestros esquemas, estructuras mentales que se guardan en la memoria con diferentes matices proporcionados por la afectividad.

Idea punto de partida del pensamiento pedagógico: “ el aprendizaje y el desarrollo son algo connatural al ser humano, “nacemos para aprender” y aprendemos “viviendo” a la vez que actuando, investigando, haciendo cosas, como “artistas”.[2]

Cuando el aprendizaje se produce de esta manera, puede decirse que el niño sabe: sabe andar, reconoce personas y objetos, sabe hablar, entiende de manera inmediata lo que se le dice,  investiga todo lo que se pone a su alcance y pregunta  para saber más.

A medida que pasan los años las experiencias son más y más y nuestros esquemas mentales se hacen más complejos, se ramifican, se comparan, se diferencian, se entretejen. Podemos decir que conforman la “sabiduría de cada persona”.

Las experiencias son de todo tipo, relaciones humanas, lecturas de libros, medios de comunicación y todo lo imaginable. Aquí encaja la idea actual del aprendizaje para toda la vida, lo cual no es un descubrimiento sino que es lo natural, lo humano.

La sabiduría de cada persona no está dividida en compartimentos estancos sino que impregna nuestra mente de forma global y organizada. En el momento necesario, según la situación y el asunto concreto, haremos uso del conocimiento que poseemos en relación con las experiencias vividas. Las vivencias modifican nuestra visión del mundo, nuestro carácter y conforman nuestra personalidad, es decir, lo que somos.

Por tanto, el saber es ser, saber es vivir, actuar, responder a lo que la vida nos ofrece con el bagaje adquirido a lo largo del tiempo.

Poniendo como ejemplo el lenguaje, saber hablar supone improvisar en cada momento la frase adecuada a la idea central de un tema o una situación; las palabras surgen sin esfuerzo aplicadas con el matiz adecuado.

La memoria interviene de forma fluida porque nuestros esquemas mentales corresponden a una vivencia “grabada” experimentalmente. El uso del lenguaje da lugar al pensamiento o lenguaje interno que permite, en su aspecto más elemental, evocar situaciones pasadas o anticipar acciones futuras[3].

La resolución de problemas precisa del Saber y, por tanto del Ser. Para enfrentarse a un problema de la vida real es necesario saber, es decir, improvisar[4]. Improvisar es actuar haciendo uso de lo aprendido- lo cual ha desarrollado nuestras capacidades-, seleccionando lo más adecuado, recurriendo a los esquemas mentales previos, de la misma manera que utilizamos nuestro lenguaje.

Los proyectos educativos, de los que se habla actualmente como una novedad (que no es tal novedad), corresponden también a la idea de resolver problemas o enfrentarse a situaciones que requieren de un saber global. Se necesita  recurrir a los saberes proporcionados por las experiencias anteriores  aplicando los esquemas mentales elaborados.

Dichos proyectos incorporan la estrategia de trabajo en grupo o trabajo colaborativo. El trabajo en equipo permite ensayar actividades para la vida real, superando así  la competitividad en las aulas y mejorando la competencia del grupo en general.

El ser, el saber, la sabiduría, podrían definirse como la globalización o fusión organizada de vivencias, sentimientos y afectos, de actividades y comportamientos que corresponden a la identidad y personalidad de cada uno de nosotros.

El saber y el ser no constituyen una mera acumulación de conocimientos sino que obedecen al desarrollo producido por el aprendizaje natural basado en las vivencias y en la actividad tanto física como interna o mental.

En suma, el aprender, saber y ser conforman la inteligencia que supone el desarrollo de las capacidades humanas. En las etapas de desarrollo que señala Piaget, la adolescencia es el momento en que aparece la abstracción[5] como fase más elevada de inteligencia.

Podríamos definir la abstracción como un pensamiento basado en ideas y no en objetos ni situaciones concretas. El pensamiento abstracto supone conceptos o ideas que pueden aplicarse a diferentes variedades de experiencias.

Rousseau concebía la educación como “negativa” es decir, dejar que el niño aprenda y se desarrolle interviniendo solamente cuando fuese necesario. El niño debe ser tratado por el maestro como la planta por el jardinero, de forma que solo es necesario ponerle un “tutor” si se tuerce, además de proporcionarle riego y abono. Claro que el jardinero debe estar atento para mantener la planta en la situación mejor orientada, con riego y abono suficientes.

Esa sería la verdadera educación, ofrecer al niño los estímulos y la guía que necesita en cada momento sin escatimar nada pero sin excederse. Los estímulos serían las vivencias adecuadas, los contenidos seleccionados de acuerdo al desarrollo en cada momento y etapa de la vida.

La escuela en general no obedece a los principios enumerados más arriba: es competitiva, hace diferencias entre los alumnos más o menos aventajados  y los califica con un número.  No contempla el grado de desarrollo individual y tiene idéntica exigencia para todos, sin ofrecer a cada uno lo que necesita para superarse. Tampoco tiene en cuenta las necesidades motrices, afectivas e investigadoras de los niños y un largo etcétera.

Así, los niños pasan largas horas sentados sin poder hablar y relacionarse con los demás porque “copiarían” unos de otros o se dictarían las respuestas de los ejercicios.  Pero lo más incongruente de todo es la memorización para los exámenes que será lo principal para otorgar a cada uno la “calificación” que apelará a su autoestima y, por extensión,  a la de sus padres.

La acumulación de conocimientos no produce verdadero aprendizaje ni desarrollo. Se precisa la vivencia, la experiencia previa donde asentar el nuevo aprendizaje. Esta situación hace a los estudiantes recurrir a la simple memorización.

Sin embargo, lo ideal sería lo contrario, que los niños trabajasen en conjunto, cambiasen impresiones y se ofreciesen ideas unos a otros. Que buscasen soluciones en libros y otros recursos, mientras el profesor los supervisa dando la ayuda necesaria e imprescindible para la continuidad del trabajo y el aprendizaje.

¿Qué es necesario para ello?

En primer lugar, tener en cuenta la “Idea punto de partida del pensamiento pedagógico”,  que precisa del cambio de metodología de enseñanza en el que se potencie la actividad de los alumnos y se derogue la memorización.

En segundo lugar,  la elaboración de programas basados en la calidad  y organización de los contenidos y no en la cantidad de los mismos.

En tercer lugar, la aplicación de estrategias adecuadas el principio de aprendizaje natural y colaborativo, entre otros cambios necesarios.

Esto es más divertido que pasar las horas sentados escuchando al profesor o haciendo ejercicios de forma solitaria y sobre todo ¡es mucho más instructivo y produce mayor desarrollo en todos los aspectos!

Para saber más

John Dewey  “Aprendizaje experiencial”                                                                   https://www.aprendizaje-experiencial.org/filosofa

Landon E. Beyer. 1997: William Heard Kilpatrick.                                              http://www.ibe.unesco.org/sites/default/files/kilpatrs.PDF.

Díaz Barriga, F. William Heard Kilpatrick y el método de proyectos. https://es.slideshare.net/adolfoma/kilpatrick-mtodo-de-proyectos

Colom, A. (coord.) 1998. Teorías e instituciones contemporáneas de la educación. Las primeras teorías de la modernidad pedagógica. Páginas 45-64

Notas

[1] Motivación. Ahora se dice que nos “emociona” que es el término utilizado en inglés. La palabra emoción es sinónima de motivación. Sin embargo, en español, la palabra “emoción” tiene un matiz diferente, da idea de un sentimiento más fuerte.

[2] Alborés, J. Aprendizaje y desarrollo. Publicado el 1-11-2017

[3] Piaget, J. Seis estudios de psicología. Página 34

[4] Es preciso tener en cuenta que la palabra improvisar se utiliza para indicar una actividad mental no meramente memorizada sino interiorizada.

[5] https://es.wikipedia.org/wiki/Abstracci%C3%B3n_(psicolog%C3%ADa)

Josefina Alborés Núñez

Publicado el 27 de Diciembre de 2017

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